jueves, 8 de octubre de 2009
cuando la necesidad agudiza la creatividad.
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sábado, 3 de octubre de 2009
¡Búscate una vida!
De repente apareces un día en el mundo, y así, sin más, tienes que aprender las reglas del presente.
El presente se esfuerza en crear el paraíso que el pasado no nos permitió vivir. Y puesto que a gran escala todo paraíso fracasa, nos empeñamos en vivirlo en soledad...
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sábado, 12 de septiembre de 2009
caleidoscopio . . . *
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lunes, 7 de septiembre de 2009
¿Por qué llevas ropa si no hace frío?
Nunca vemos el polvo que nos rodea hasta que un rayo aislado de sol lo delata, suponiendo que en ese mágico momento estemos predispuestos a prestar atención a tan nimio acontecimiento...
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miércoles, 26 de agosto de 2009
Como somos
Como se nos van los años
Ahora cuesta recordar
Y tenemos mas edad
Ahora somos un cuaderno
De recuerdos arrugados
Y nos vamos a un entierro
De una amigo que tuvimos
De un amigo que esta muerto.
Todo tenemos parientes, tenemos
Todos por algo lloramos, lloramos
Somos de una vida corta, sabemos
Todos siempre nos buscamos.
Como se arruga la piel
De nuestros seres queridos
Como por las bocas viejas
Se nos van yendo las venas
Menos palabras tenemos
Somos menos inocentes
Y como vamos creciendo
Para se después la gente.
Todo tenemos parientes, tenemos
Todos por algo lloramos, lloramos
Somos de una vida corta, sabemos
Todos siempre nos buscamos.
Como explicarnos el viento
Que nos pega en este invierno
Como explicarnos la muerte
Que llega y es un recuerdo
Somos como barrilete
Que vuela y se rompe en flecos
Somos con la tristeza
Que llega otoño y nos deja.
Todo tenemos parientes, tenemos
Todos por algo lloramos, lloramos
Somos de una vida corta, sabemos
Todos siempre nos buscamos... Amamos... Lloramos... Peleamos...
Sabemos...
Piero
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leproso moribundo
I
Y yo le digo a la gente que no es bueno dormirse en la nostalgia, pero la nostalgia está siempre fabricada de ronquidos sordos. Eco deslumbrante del que grita sin aliento en medio del dolor de tanta gente que no sabe lo que quiere, que no sabe lo que es y que no hay tabaco. Fueron a buscarlo y se quedaron en blanco, porque se dieron cuenta de que, realmente, no sabían que habían ido a buscar y si merecía la pena seguir caminando por ese camino tan tortuoso. Sin embargo, la luna mostraba su cara triste, como en las noches en que las horas pasaban una tras otra sin sentirse en el cuerpo. Tendió sus manos, respiró y se sintió aliviada de no estar sola. Y aunque quizás no supiera nunca quien era, por primera vez tuvo calma y paz en su alma.
II
Contra el miedo al folio en blanco lo mejor es el tiempo. Lo mejor y lo único que ordena el espacio. Sin esta coincidencia entre tiempo y lugar no se podría dar ningún conocimiento, porque el conocimiento no existe y es que en este mundo todos tenemos un poco de músico, poeta y loco. Y de cansados de no poder desaparecer para no ver mis mentiras.
Quise cerrar la puerta, no volver a recordar. Poder borrar de mi memoria ese momento hostil. No se porque, siempre es volver a este punto y entrarme ganas de vomitar sin rechistar. La mugre camina en mi estomago y no lo puedo evitar. Tanta absurda rima me exprime el corazón. Puta y reputa imperfección infecciosa, que no nos deja seguir respirando sin saber que la utopía no ha dejado de serlo.
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jueves, 13 de agosto de 2009
el delicioso fenecido
I
Después de la satisfacción del almuerzo aparece una vorágine insaciable de necesidades infinitas, y piensas "Puesto que ya estoy satisfecho, no es recomendable mantener este estado de paz con mi biología, ¿estado de entropía en mi cabeza?" Se cierra y abren puertas y ventanas y las tortugas entran volando y eligen sandía para desayunar.
El el amuerzo comía unas semillas que le permitían una alimentación completa que le capacitaba para trabajar durante todo el día sin descanso. Sin embargo, lo que no sabe es todo aquello que cree no tener a su alrededor de forma que existe. Y continúo el viaje... viaje dulce e intenso inducido por la extraña y pusilánime absorción de ese principio activo causante de irreal felicidad digna de cualquier gallardo galán.
Equipo de redacción: Sofi, Neli, Kuma, Riki, Negro.
II
Ya lo decía Isaías: "No te preocupes hermano", y ese año hubo mantequilla para todos, el pequeño Spoonmeyer será por fin feliz. Es lo que siento cuando veo cosas nuevas como puede ser paisajes, plantas, animales... entonces pienso en todos esos lugares que hay para visitar y aprender cosas nuevas que encaminen el viaje. Y pensar como llegar a nuevos lugares, donde encontraba a pesar de los escrito un sentido, una coherencia que más que desconcertarme me transmitía tranquilidad. Algo así como reconocer un olor familiar a la infancia. Siempre es agradable la redundancia. LLueve sobre mojado. Mienten los análisis que decían que sus espermatozoides eran demasiado lentos, mienten los que dicen que su epididimo se hubiese atrofiado.
Equipo de redacción: Riki, Kuma, Cristian, Sofi, Neli.
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martes, 28 de julio de 2009
Canción mansa
"A veces pienso que todo el pueblo,
es un muchacho que va corriendo
tras la esperanza que se le va...
La sangre joven y el sueño viejo,
pero dejando de ser pendejos
esa esperanza será verdad"
Alí Primera
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martes, 7 de julio de 2009
Nocturnas ocurrencias
-Lo que pasa los dos tenemos bichos malos. Y cuando estamos juntos esos bichos se pelean y se matan. Y entonces ya no hay bichos malos
-Pero cada día hay bichos nuevos que matar.
-Claro. Esa es la dicotomía universal.
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viernes, 3 de julio de 2009
Como el parásito se convierte en perro
SEMIOLOGÍA DE UN PERRO CALLEJERO
El cinismo es una de las muestras más radicales de la filosofía helénica. Para los cínicos la forma de vida es inseparable del pensamiento filosófico pues ambas cosas -vida y pensamiento- se influyen mutuamente. En palabras de Spinoza “las pasiones externas influyen en las pasiones internas y viceversa”. En ocasiones en concepto de cinismo puede ser malinterpretado, por lo que en la actualidad suele tener connotaciones bastante negativas (baste mencionar el mal llamado síndrome de Diógenes). Para salvar estos errores en primer lugar sería conveniente definir lo que entendemos por cínico. Si hablamos coloquialmente de una persona cínica, queremos decir que es desvergonzada y no teme a criticar lo que le parece reprobable usando altas dosis de sarcasmo, es decir, que entendemos por cínica a la persona que provoca malintencionadamente.
Aún así, desde un punto de vista histórico, el origen de la palabra cínico, se remonta a la Grecia helénica y proviene del vocablo kynos (perro) que pronto derivó en kynikos (aperrado). Es por esto que la filosofía cínica es una filosofía anclada en la naturaleza, que rechaza las convenciones y construcciones sociales en pro de una vida sencilla, de la vida de un perro callejero. Según un discípulo de Aristoteles “hay cuatro razones por las que los cínicos son llamados así. La primera es por la indiferencia en su manera de vivir, porque cultivan la indiferencia y, como los perros, comen y hacen el amor en público, van descalzos y duermen en toneles y encrucijadas... La segunda razón es porque el perro es un animal impúdico, y ellos cultivan la desvergüenza, no como algo inferior a la vergüenza, sino por encima de esta... La tercera es que el perro es un buen guardián y ellos guardan los principios de su filosofía... La cuarta razón es que el perro es un animal selectivo que puede distinguir entre sus amigos y sus enemigos; así ellos reconocen como amigos a quienes atienden a la filosofía, y a éstos los tratan amistosamente, mientras que a los contrarios los rechazan, como los perros, ladrándoles”. Quizá también pudiera añadir una quinta razón por la que el adjetivo perruno encaja perfectamente en el pensamiento cínico y es que tanto los perros como los cínicos son animales autónomos, que no tienen problemas al rechazar las convenciones y viven conforme a su propia naturaleza sencilla.
Diógenes de Sinope, el más popular de los cínicos encontró en los animales, y especialmente el en perro, su modelo de conducta viendo en el un perfecto ejemplo de vida despreocupada y sincera. Es por esto que cuando sus conciudadanos atenienses lo apodaban perro con una intención peyorativa Diógenes se enorgullecía pues su actitud ante la vida era deliberadamente animal. Pretendía con esto desligarse de las obligaciones que le imponía una sociedad enferma y deshonesta, una sociedad que no acepta su propia naturaleza animal y se avergüenza de ella tratando de ocultarla bajo vacuos refinamientos artificiales.
EL DESAPEGO
En una civilización que no merece ser obedecida los cínicos buscan la autarquía, buscan emanciparse de los valores convencionales impuestos, “muerden” a todo aquel que pretenda coartar su libertad e incluso optan por desprenderse de todo objeto que los ate y que condicione sus vidas. Cuenta Laercio que cuando Diógenes vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente, comentó “Este muchacho me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, y tiró su escudilla. Con esta acción Diógenes es un claro ejemplo de la frase “no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”. Y Diógenes no necesitaba más que una tinaja en la que guarecerse, un manto, un morral y un bastón para apoyarse.
Yendo más allá el desapego material el cínico renuncia a cualquier cosa que ponga en peligro su propia independencia, ya sean los compromisos afectivos, los recuerdos, los placeres inciertos e innecesarios, etc. La independencia y la libertad son pues, superiores al placer; los placeres crean dependencia y la dependencia infelicidad. La felicidad para los cínicos consiste en la virtud e independencia del alma humana, y en la práctica continua de la filosofía como forma de vida, una vida cuyo máximo exponente es la liberación de las necesidades perecederas que conllevan las pasiones.
Quizá podríamos hallar cierta relación entre este ascetismo cínico y el ascetismo del budista. Ambos buscan liberarse del apego a las cosas materiales o sociales que les impiden autorealizarse libremente. Pero mientras los budistas intentan desprenderse de su propio ego para lograr salir individualmente del círculo de la vida (samsara), de la conciencia de yo, los cínicos aspiran a encontrar la virtud pero no apartándose de la sociedad y negando su propio yo sino influyendo dialécticamente en sus conciudadanos. He aquí la influencia de la ironía socrática llevada a los límites del sarcasmo hiriente. La filosofía cínica tiene una teleología clara: el cambio social como medio para el cambio individual al que se llega mediante el ejemplo público. Por el contrario la finalidad del budismo clásico es el cambio interno del individuo pues presupone que de este cambio derivaran todos los demás cambios. En el budismo clásico encontramos una actitud pasiva con la sociedad, aunque no el budismo de Nichiren que tiene mayor alcance social y quizá se asemeje más al cinismo.
CINISMO URBANO DEL SIGLO XXI
El pensamiento cínico ha tenido grandes influencias en la actualidad, siendo quizás inconscientemente una referencia para los movimientos antisistema, anarquistas, libertarios... Un claro ejemplo de cínico del siglo XX es la figura del punk. Ambos rechazan toda autoridad ajena y promueven la autonomía del individuo ante los artificios creados por el Estado. En una sociedad alienada y gregaria, niegan los acartonados valores del nihilismo de sus respectivas épocas y atacan satíricamente a las causas de una supuesta libertad y de la imposición y aceptación de falsas verdades: verdades estas como la creencia naturaleza de la familia nuclear, el consumo como necesidad infinita, la defensa apasionada del progreso destructivo y la creencia en una identidad étnica.
Ante la sociedad de consumo inconsciente los punks propugnan el DIY (do it yourself, o “hazlo tú mismo”). En un anacrónico paralelismo vemos como los viejos cínicos con su rechazo a cosas superfluas defendían ya esa idea de independencia del estado de cosas en pro de unos valores más acordes con la naturaleza animal de los humanos.
En la sociedad griega, el cínico, aunque no dejaba de ser molesto con su humor corrosivo era socialmente aceptado y hasta admirado por un gran sector de la población, a la vez que actuaba como conciencia colectiva y para bien o para mal, influía en la vida pública. Lamentablemente quizá no podamos decir lo mismo de estos “neocínicos” urbanos, quienes son rechazados e infravalorados por gran parte de la sociedad. Quizá en este sentido habría que tener en cuenta también la influencia de los medios de incomunicación sobre las conciencias de los ciudadanos idiotas (en el sentido más griego de la palabra) que mantienen una relación mucho más estrecha con su televisor que con la gente de la calle, creando así una conciencia mediada y virtualizada en la que los prejuicios fabricados en antena son mucho más fuertes que la posibilidad de una experiencia real entre personas de distintas ideas que intercambian opiniones en la calle.
Quizá en la antigua Grecia, en sus calles y en su ágora pudiésemos encontrar relaciones verídicas, cara a cara, entre las distintas sectas del pensamiento. Los textos antiguos dejan constancia de la importancia del diálogo en la sociedad helénica, algo que nosotros hemos perdido al recluirnos en pequeños bloques amontonados unos encima de otros y mantener una continua relación con la monológica caja que no hace más que reafirmar nuestros prejuicios, sin atrevernos a salir de nuestro propio círculo ideológico por miedo a cambiar nuestros más interiorizados prejuicios.
TRANSMUTANDO LOS VALORES
“Ser tontos y tener trabajo, eso es la felicidad” dijo G. Benn. Es tarea del cínico del siglo XXI romper con esta concepción de la felicidad por una más auténtica, tarea casi imposible en un contexto alienante como el contemporáneo. ¿Cómo romper con los triviales valores humanos? Para encontrar la verdadera humanidad, una humanidad sencilla, una humanidad animal, emancipada, libre, una humanidad feliz que se acepte a sí misma dijo Nietzsche que “hay que haber encontrado antes la linterna, ¿tendrá que ser la linterna del cínico?” Hasta ahora hemos vivido sumidos en la oscuridad, o bajo luces artificiales que se nos muestran una realidad virtualizada y no parece haber una escapatoria a esta sociedad enferma de vacuas necesidades.
Una sociedad que no hace más que autodestruirse, que es un párasito para sí misma y para sus entorno. Quizá el parásito humano deba volver atrás, deba “involucionar” hasta que olvide su complejo de superioridad y pueda volver a vivir en una simbiosis con la naturaleza y con lo demás parásitos humanos y no humanos. A partir de ahora, el verdadero progreso consiste en destruir más que en crear, y es la lengua bífida del cínico la que acaso podría dinamitar nuestra moral destructiva, siempre y cuando, antes haya alguien que destruya los medios de embrutecimiento colectivo.
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