
...aquí está mi pequeño instante, borroso, borracho y borrico, ay chico, mira esas sábanas, sábana blanca colgá en los balcones. Y la familia, y Jabao y la rata (mal me trata).
Me acerco a lo verde, me subo al camioncito, el viento en la cara y el ambiente... no sé, quizás solo sea el presente. Ahora es solo un pasado rosado, el presente no es es tan suave: un poco áspero, incógnita estructural. Así que vuelvo a la Quintica preciosa. Dicen que está como a cinco cuadras. Y cinco más, más...
La gente se mea por el camino y se nos acaba el agua. Raúl la rata no huye, es linda.
Y camina que te camina los niños nos ofrecen unos mamones pa comer. Epa, sí, tráiganlos. Pero se van, y nos vamos, y ya se ve el río, que esta sucio de naturaleza; sin pintura azul, sin cloro y con gente y algas dentro. Piedra sangre y chapoteo. Nadie quiere entrar en la naturaleza. Pero esta niña se lanza sin pensar al rio de Silvio. Y los demás, también. Solo la cubana europeizada nos mira desde fuera y nos cuida. Y que si una mano nos tira piedras, y que si el agua está tibia, y si Jabao se moja sigue seco. Y nos vamos que el camión no espera. Llueve y fuman. Si el camión se escapa podemos mendigar calor y arroz. Pero no, ya llegamos apretaos y cantando no jany no cry.
sábado, 5 de diciembre de 2009
oh! melancolía (no soy de donde hay un río)
habló
Sofía
a las
16:22
Etiquetas: la vida de sofía, ¿por qué pisé charcos en el caribe?
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